Opinión

¿Qué hace que una serie sea exitosa?

Superando la tercera edad de oro de la televisión y con más de 400 estrenos por año; es hora de preguntarnos por qué algunas lo logra y otras quedan en el olvido

En el último tiempo el universo de la televisión cambió muchísimo y aunque para algunos se trate de un fenómeno nuevo o sorprendente, es cierto que esta transformación fue tan progresiva como resultó posible. Año a año se empezaron a producir más ficciones para la pantalla chica, más personas buscaron estar involucradas y se abandonó la idea de pensar el formato televisivo como un espacio para retirarse, para ahora ser visto como una nueva posibilidad de contar historias diferentes que podían verse enriquecidas con la estructura episódica.

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Scripted Series Charts 2017 | Fuente: FX

En esta transformación la cantidad de series que se producen y estrenan mes a mes no solo aumentó en número sino que también hubo un gran cambio en cómo se piensa el formato y cuáles son aquellas historias que se deciden llevar a la pantalla chica. Definida como la era del PeakTV las características que la definen son muy claras: on demand, multiplicidad de pantallas, bingewatching y una enorme oferta de contenido. Y también se diversifican las canales de distribución: desde los más tradicionales (FOX, HBO, AMC, NBC, Syfy, etc), pasando por las plataformas de streaming (Netflix, Amazon, hulu) y llegando a los nuevos jugadores (AppleTv, YouTube red, Playstation, Facebook, la próxima plataforma de Disney o, en el plano local, flow). Junto con el aumento de la oferta además creció la cantidad de horas que cada uno dedica a mirar ficciones televisivas, pasando de ser un consumo de algunos pocos a ganar una masividad casi inexplicable.

Pero este contexto también tuvo su impacto en la calidad y estructura del contenido: si bien estrena mayor cantidad de títulos originales, las temporadas son más breves y están menos tiempo en pantalla. Las inversiones son mayores y algunas ficciones disfrutan de presupuestos multimillonarios, lo cual también explica la posibilidad de tener nombres de primera línea tanto en la sala de guionistas, como en el sillón de directores y actores frente a la pantalla. Con la amplificación de plataformas y de productoras en la búsqueda de generación de contenido, también se diversificó el tipo de ficción que se genera: desde guilty pleasures hasta aquellas que definimos con “serie-arte”; en general estamos viviendo una gran honestidad sobre el tipo de serie que se presenta y ofrece al espectador, entendiendo así que existen diferentes momentos y diferentes búsquedas así como distintas respuestas.

¿Existe alguna clave para el éxito?

En esta pantalla explotada de opciones, el espectador también tiene el enorme desafío de elegir con cuáles series va a seguir o cuales dejará pasar. Más allá de la posibilidad de “iniciar y abandonar una serie”; dentro del universo seriéfilo todavía existe un gran valor a la recomendación, el boca a boca, a la idea de comunidad y a aquel gurú seriéfilo que tenemos alrededor nuestro.

Sin embargo no es raro ver cómo series que parecen tenerlo todo para conquistar el mundo terminan quedando en el olvido, mientras que otras no dejan de sumar fanáticos y seguidores. Es en este sentido que, si bien no hay fórmula asegurada para el éxito, sí encontré algunas variables que podrían explicar esa situación.

Nada más difícil que el momento justo

Hay una frase que sostiene que es tan malo llegar demasiado temprano como demasiado tarde y, en este sentido, la ficción seriéfila se ve muy afectada por el problema de los destiempos. Si miramos la historia de la televisión termina resultando bastante claro que las ficciones de mayor éxito son aquellas que llegaron en el momento justo y, aunque esta idea resulte algo ridícula de pensar, tiene muchísimos puntos a considerar. El primero es lograr un equilibrio entre aquello que el espectador está acostumbrado a ver y traer cierta innovación en la narrativa (el ejemplo: Six Feet Under construyendo un drama familiar pero retomando un negocio que conformaba un tabú absoluto), el segundo es trabajar problemáticas que resulte relevante (el ejemplo: si bien el texto de The Handmaid’s Tale existe desde los ’80, su serie no habría logrado semejante impacto si no hubiese sido por los movimientos feministas que se levantaron alrededor del mundo) pero también estrenar en un momento en donde la grilla permita brillar (el ejemplo: Boardwalk Empire nunca alcanzó el éxito que merecía porque Breaking Bad robó todas las conversaciones o, un caso aún más reciente, por más aspectos grandiosos que American Gods tuviese, su estrenó quedó en el medio del regreso de Twin Peaks y Legion).

La clave de todo: el equilibrio

Son muchos los creativos y críticos que determinan que ya no existe originalidad posible y que, desde hace algunos años, lo único que vemos es una idea mil veces repetida. De hecho en el mundo televisivo sucede bastante seguido que nos encontramos con “series hermanas” en donde, dos canales diferentes, aparecen al mismo tiempo con historias muy similares (The Mentalist y Castle; Blindspot y Quantico); y no hay que ser un visionario para darse cuenta de esto. Sin embargo está más que demostrado que no es la originalidad ni la innovación la clave del éxito, sino que lo importante es encontrar el canal adecuado para renovar una historia que seguramente tendrá algunas similitudes con otras que ya vimos. En este contexto la idea que toma mayor valor es, justamente, la búsqueda de encontrar una vuelta que refresque y se permita algunos cambios de las producciones que ya vimos. El ejemplo más claro es el de This is Us que, aún siendo un drama familiar, logró su diferencial a través de la estructura narrativa que, en sí misma, tampoco es novedosa pero sí funciona.

El todo por la parte

No hay ficción que haya logrado alcanzar popularidad teniendo solo una buena historia o buena escenografía o grandes personajes o una muy buena musicalización. A la hora de mirar una serie de televisión el espectador valora la totalidad del producto y, aunque puede destacar algunos elementos por separados, el balance entre ellos es lo que toma verdadero impacto a la hora de fanatizarse con una ficción.

Sin embargo aquella apreciación al balance también toma relevancia a la hora de pensar a los personajes. Por más interesante, profundo y carismático que sea nuestro protagonista, si quienes lo acompañan no traen también historias que suman algo al hilo principal, raramente la ficción triunfa. Pero si lo pensamos es aún peor cuando nos enfrentamos a la situación contraria: aquellos personajes secundarios que le ganan al principal y lo deslucen, haciendo que la serie pierda cualquier equilibrio posible.

Alejarse del humo y permitir respirar aire puro

En el mundo del PeakTv nadie busca o espera que todas las ficciones televisivas se conviertan en producciones icónicas o marquen un antes y después en la historia. De hecho, hoy más que nunca hablamos de encontrar series que respondan a distintas búsquedas, momentos del día y espectadores, quienes ya no se fidelizan a un solo canal o género.

En este sentido aquello que sí tiene un impacto negativo es cuando una ficción (o el equipo de comunicación y prensa) reniega de su esencia o aquellos elementos que conforman su identidad. Por ejemplo las narrativas que no saben no tomarse en serio o reírse de sí mismas, que no conocen sus limitaciones así como aquellas que son inteligentes en el manejo de su comunicación, terminan perdiendo muchísimo (tanto en el mundo de los fanáticos como en sus posibilidades de difusión). El mejor ejemplo de esto es el universo inaugurado por Arrow; una ficción que claramente no cuenta con la profundidad y tratamiento de otras series de superhéroes pero que sí reúne a muchísimos fanáticos alrededor del mundo.

Conocer a tu audiencia y animarse a desafiarla

Seguir una ficción implica una decisión consciente y cierta voluntad del espectador por estar informado. Este concepto es tan fuerte que hemos llegado a la lamentable situación en donde, muchos equipos de productores, se ven afectados por el feedback de los espectadores y temen tomar decisiones que podrían ayudar a la historia. Sin embargo hay un intermedio antes de llegar a dicho fanservice y está relacionado con conocer a tu audiencia, qué es lo que buscan en tu ficción y, entre esos límites, tener una propuesta que resulte interesante para ellos. Nadie que mire Legion está buscando, simplemente, una historia romántica y aprendió a dejarse llevar por una narrativa insegura; pero si por el contrario hablamos de la audiencia de Jane The Virgin el romanticismo, los desencuentros y los momentos melancólicos son los elementos que no podrían faltar.

Está claro que ninguna de estas variables son definitivas y que la experiencia televisiva sigue siendo muy individual y personal, más allá que en un segundo momento se trate de compartirlo dentro de una comunidad. Sin embargo, en estos diez años como periodista de series de televisión, he notado que aquellas series que sí logran el éxtio (no necesariamente relacionado con la masividad) son las que encuentran un equilibrio en todos los elementos planteados anteriormente.

Además no hay que olvidar que, una de las mayores riquezas de este mundo es que todavía tiene su identidad de nicho y las recomendaciones boca a boca, los comentarios de conocidos, los foros (grupos en Facebook o espacio de debate en TvTime) se combinan con lo aleatorio de las explosivas tendencias que empujan a miles de espectadores a ver aquella serie que, por una casualidad inventada, está en la plataforma de streaming que todos los días usan.

Los invito a sumarse a la comunidad de Fuera de Serie, en Facebook, Twitter , TvTime o YouTube 🙂

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