La Cosa Otros Medios

Una declaración de amor y odio a The Big Bang Theory

Después de 279 episodios, el caballito de batalla de Warner Channel cerró para siempre la puerta del 4A. Es hora de preguntarnos qué nos dejó y qué es mejor olvidar de The Big Bang Theory.

En 2007 la situación alrededor de la pantalla chica era muy diferente a lo que conocemos hoy como el fenómeno de las series. Desde la cantidad de estrenos (en Estados Unidos ese año fueron sólo 221) y el peso de la televisión en la industria del entretenimiento -por ejemplo, todavía faltaba un año para la llegada de Breaking Bad (2008-2013), hasta la dependencia de la grilla de programación y la emisión semanal. Es en ese contexto en el que llegó el episodio piloto de The Big Bang Theory (2007-2019), estructurado como una sitcom clásica, con cinco actores desconocidos al frente y un universo que siempre fue caracterizado por su solemnidad.

Básicamente, una ficción que tenía el potencial de pasar al olvido pero que, por el contrario, dejó su huella en el formato. Sin embargo, después de 12 años de emisión, su recorrido es amplio y desparejo en cuanto a la calidad de sus temporadas. Tanto que es imposible evaluarla como una totalidad sin ser injustos o, como mínimo, dejar cosas importantes de lado. En esa ecuación y deconstrucción histórica el único movimiento posible es un doble sentimiento de amor y odio.

Con consultores especialistas que garantizaban que los chistes fuesen las teorías y principios científicos, esta ficción es quizá una de las primeras que se atrevió a ridiculizar la histórica comunidad de las ciencias duras

Les damos las gracias

Sin innovar en la estructura narrativa ni en la manera de filmar, no negamos los aportes de The Big Bang Theory a la TV. Además de dar visibilidad al universo científico, quitarle la sobriedad que parecía representarlo y popularizar temáticas que antes no se trabajaban. Uno de los puntos más revolucionarios se centró en la forma en que Chuck Lorre y Bill Prady empezaron a hacer comedia. Con consultores especialistas que garantizaban que los chistes fuesen las teorías y principios científicos, esta ficción es quizá una de las primeras que se atrevió a ridiculizar la histórica comunidad de las ciencias duras. Sin temer ni limitar la posibilidad de utilizar terminología técnica, con guiones afilados y repletos de humor inteligente (sin caer en el esnobismo), la capacidad de transformar un nicho en algo absolutamente masivo, es una magia que no vamos a negar. Junto a esto, también es parte de su legado la capacidad de aprovechar la herencia de Friends (1994-2004) y transformarla en algo aún más grande. Es decir, de convertirse en la ficción líder de una comunidad enorme (desde los amantes de los cómics, los videojuegos y los ya clásicos fandoms) que siempre fue poco representada y, cuando sí aparecía en pantalla, sólo era trabajada desde el personaje perdedor y antisocial que vivía casi en ermitaño.

Cuentas pendientes

Es verdad que, con la introducción de nuevos personajes, TBBT supo romper su propio legado de “una ficción de cuatro chicos y una chica tonta”. Sin embargo, el “qué” y el “cómo” son igual de importantes. En ese sentido, es inevitable comprender que durante toda la ficción la representación de la tribuna femenina fue muy pobre. Empezando por la construcción caricaturesca de Bernadette (Melissa Rauch), con su voz de pajarito, para también vernos en la obligación de preguntarnos: ¿por qué naturalizamos que la relación conflictiva, tanto de ella como de Howard, era con sus madres y no con sus padres? Amy (Mayim Bialik) fue uno de los personajes que más sufrió esto y con quien se desaprovecharon muchísimas posibilidades de ser disruptivos. Esto fue muy palpable cuando eligieron su vestido de novia, el cual no sólo fue estéticamente poco favorecedor, sino que dinamitó en un instante parte fundamental de la identidad del personaje, quien casi desesperaba sólo por el uso y elegancia de una tiara. Pero si somos honestos, ninguna de las tres chicas estuvo a salvo. El último episodio fue el momento culmine de esto cuando anunciaron que Penny (Kaley Cuoco) estaba embarazada. Mucho más allá de la pregunta sobre su identidad (¿por qué es el único personaje de quien no conocemos su nombre completo?), es inevitable pensar por qué los creadores de la serie eligieron este momento para negar los deseos de Penny de no ser madre y darle un embarazo absolutamente accidental. Olvidando así la importante conexión con el mundo real en donde las mujeres luchan por una maternidad elegida, así como con romper con el mandato social que obliga a pensar la realización femenina sólo conectada con el deseo de ser madre.

GEEK OUT! El estreno de The Big Bang Theory no fue el único en su estilo. Por esa época varios canales apostaron a ficciones algo más nerdy geek. NBC tuvo Chuck (2007-2012) -momento en que todos descubrimos a Zachary Levi-, ABC entregó Greek (2007-2011) a su público adolescente y tan sólo un año antes, 2006, Channel4 se animaba a la icónica e inolvidable The IT Crowd (2006-2013).

Una versión de esta nota fue publicada originalmente en la edición impresa de La Cosa.

Los invito a sumarse a la comunidad de Fuera de Serie en FacebookTwitterTvTime YouTube 

Acerca de Sole Venesio

Escribo sobre lo que amo y algunos llaman a eso ser periodista. Series de televisión siempre y a veces por LA NACION, Revista OHLALA!, Fuera de Serie e IndieHOY.

0 comments on “Una declaración de amor y odio a The Big Bang Theory

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: