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Una pantalla pequeña, llamada televisión

Definida como una “caja boba”, desde hace mucho tiempo que el formato ha demostrado su capacidad creativa y rentabilidad en el negocio. Llegando al final de lo que se definió como PeakTv ¿Cuáles son sus nuevos desafíos?

Hablemos un poco de historia. La televisión, al contrario de lo que pasó con la radio, tuvo un inicio muy desparejo. Cuando miramos la fotografía mundial, algunos países pudieron disfrutar de la pantalla chica desde finales de 1930 pero en otros –como fue en el caso argentino– el nuevo medio de comunicación recién llegó durante los 50. Al meternos en los hogares, también queda claro que la situación fue completamente dispar: muy pocas familias tenían televisor y, quienes sí eran dueñas de este aparato, solo poseían uno que era instalado en el living para que lo disfrutara toda la familia. Además, la falta de contenidos, obligaba a que el “momento de televisión” fuese eso, una instancia en donde todos se reunían a ver lo que estuviera sucediendo en esa pantalla pequeña.

Aunque esto parezca historia antigua es, en realidad, el ADN de lo que fue por muchísimos años el consumo televisivo. Las pantallas se agrandaron, la tecnología mejoró y las programaciones por 24 h se convirtieron en algo normal, sin embargo seguíamos con una grilla pautada de antemano, los hogares mantuvieron el televisor en el living (espacio de encuentro y reunión) y no era extraño que muchas casas argentinas tuvieran, a lo sumo, dos televisores: el que usábamos todos y el reservado para la habitación marital.

De hecho, somos unos cuantos los que crecimos aprehendiendo que era así como se miraba televisión. Con tintes recreativos y eligiendo un programa que nos gustara a todos, anotando en una libretita los horarios, aceptando la realidad de los episodios desordenados y esperando que el canal haya comprado la serie completa y no nos deje colgados con la historia. Los osados y valientes, también robaban por un rato el televisor del cuarto de los adultos para ver en solitario ese programa con el que estaban obsesionados y ya nadie aguantaba. Entonces ¿cómo pasamos de esa situación a la era de las multipantallas?

 “¿No tenés un televisor? Entonces ¿A dónde apuntan todos tus muebles?” – Joey Tribbiani. Friends

Lustra, lustra y tendrás una tercera edad de oro

Como cualquier fenómeno cultural, la televisión es atravesada por terminología, análisis y categorías específicas. Palabras que, siendo honestos, no significan demasiado si no las ponemos en contexto y las conectamos con algunos hitos.

Pero para esto, primero hay que entender que las ‘eras televisivas’ fueron definidas en base a lo que pasaba en la pantalla norteamericana. Cuna de la industria del entretenimiento y, por muchos años, líder indiscutido en la generación de contenido episódico.

Encapsuladas como las producciones que sucedieron entre 1990 y el 2010, el escenario era súper claro y ordenado: las ficciones emitían semanalmente, las temporadas tenían 22 episodios (las de menos, eran consideradas miniseries), el calendario de estrenos tenía sus dos momentos fuertes (reservados para abril y octubre), uno de descanso y otro de llanto (mayo, cuando se decidía la cancelación o no de una ficción).

Como consecuencia, la tarea del seriéfilo también era todo un paraíso: mensualmente seguíamos unas diez series, dedicábamos muchísimas horas en descubrir nuevos y excéntricos títulos que luego compartíamos en foros de debate y aprovechábamos la mid-season para ponernos al día con lo que estábamos atrasados. 

Entonces, lo más interesante de la Tercera Edad de Oro, no fue tanto el tipo de consumo, sino el salto de calidad que hicieron las series. En este caso los agentes de transformación fueron los canales por suscripción (con HBO en la cabeza) quienes tenían la libertad y los presupuestos para animarse a contar historias distintas. Subiendo el tono en cuanto a los elementos de violencia, de sexualidad, de criminalidad y de consumo de sustancias, es el momento en que la construcción del antihéroe se convierte en una figura icónica. Y la revelación fan es que ¡ahí nace nuestro amor por esos personajes moralmente horribles!El resultado final fue un zoológico de historias en donde había una diferencia sustancial de calidad y de formato, pero no tanto en modalidad de consumo. En ese ecosistema, los soap operas y las series de autor, compartían una misma audiencia y construyeron por primera vez al fanático que era capaz de disfrutar de ambos productos, en momentos totalmente distintos.

Series para cancherear

El Olimpo televisivo tiene sus ficciones, y estos son algunos de sus dioses:

  • 1990. Twin Peaks
  • 1993. The X Files
  • 1994. Friends
  • 1994. ER
  • 1997. Oz
  • 1997. Buffy the Vampire Slayer
  • 1999. The Sopranos
  • 2001. Six Feet Under
  • 2001. 24
  • 2002. The Wire
  • 2004. Lost
  • 2005. Prison Break
  • 2006. Dexter
  • 2008. Breaking Bad

La era del “cuando quiero, como quiero”

Mientras que en el mundo de la tecnología y la ciencia, los avances son exponenciales, recién fue en la era del PeakTv que la televisión sufrió un cambio trascendental. Una revolución que afectó tanto su formato y modelo de consumo, como a la industria y al negocio de la producción. 

Atrás quedaron las peleas en el sillón para elegir qué mirar, la puteada al aire por darte cuenta que te habías olvidado que ese día estrenaba un episodio nuevo o el desfasaje en años que sufría la grilla de estrenos en Argentina. Hoy la industria está marcada por elementos tan claros como obvios: el consumo personalizado e individual (on-demand), el acceso a múltiples pantallas, el estreno inmediato, la sobreoferta y la horizontalidad del calendario.

Pero no seamos inocentes y pensemos que la revolución llegó simplemente por un momento histórico. El embrollo seriéfilo fue posible gracias a dos hechos. Por un lado el avance de la tecnología e hiperconectividad, y por el otro la catarata de inversiones que hicieron una fuerte apuesta al mercado. Con estas dos cosas como propulsores, el paradigma fue fácil de cambiar y presentar una fotografía que ya todos conocemos bien. Las plataformas de streaming son los agentes de cambio; directores, guionistas y actores de renombre están haciendo televisión; mensualmente se estrenan muchísimos títulos; existe una carrera sanguinaria entre los canales por adueñarse del producto insignia de la temporada; cada vez existen más generadores y distribuidores de contenido, las historias se globalizaron y existe una intencionalidad en las audiencias al buscar de shows diferenciales.

Quizá, en este punto, es en el que el PeakTv generó un cambio de paradigma. Cómo consumimos hoy contenido seriéfilo es diametralmente diferente a cómo lo hacíamos 10 años atrás. Además de dedicar más horas a este tipo de placeres, gracias a la multiplicación y segmentación de públicos, como fanáticos nos encontramos en una búsqueda de títulos que nos interpelen pero también nos animamos a la anarquía de la diversidad. Queremos encontrar series que respondan a distintos momentos y necesidades. Celebramos la capacidad de un show por entretener, tanto como aquel que se anima a presentar más de una capa de lectura.

Números para el infarto

  • Según el reporte de Fx, en Estados Unidos estrenaron 495 ficciones durante el 2018. Un crecimiento del 1,64% en relación al año anterior, cuando fueron 467 las series nuevas.
  • Durante el 2019, Netflix hizo una inversión de 8 mil millones y se comprometió a 700 ficciones nuevas.
  • Amazon pagó 250 millones de dólares por los derechos de El Señor de los Anillos.
  • Turner pagará 2.5 millones de dólares a Jennifer Aniston, Courteney Cox, Lisa Kudrow, Matt LeBlanc, Matthew Perry y David Schwimmer, para que vuelvan a dar vida a sus personajes de Friends en un episodio especial.

Pequeños y nuevos desafíos

Este boom seriéfilo no puede durar para siempre y la sobreoferta está haciendo sus propios estragos en los calendarios de estrenos. Es esta la explicación, simple, de por qué los espectadores buscamos episodios cortos o temporadas de pocos capítulos ¿Quién puede vivir con la constante angustia de sentir que se está perdiendo algo genial? En un mundo de agendas explotadas y que todos somos atravesados por muchísimas actividades ¿Está bueno sentir que te quedás afuera?

En este sentido, personalmente, creo que los canales y productoras tienen dos grandes desafíos delante de ellos:

  • Dejar de priorizar cantidad por calidad. Las leyes del mercado parecen haber obligado a los canales a dar vía libre a la producción y hoy llegan al aire ficciones que en otro momento no hubiesen sobrevivido la etapa de piloto. La consecuencia a largo plazo es la disconformidad y la idea general de que ya no ofrecen nada bueno. La oferta es interesante cuando la calidad no es puesta en juego y cuando los números son alcanzables. Es que, seamos honestos, la sobreoferta no es buena cuando ya no tenés ni idea de qué estrenó, cuándo o dónde.
  • Volver a traer historias originales. Otro de los pecados del PeakTv es que, en la búsqueda de tener más historias, las remakes, reboots y adaptaciones ganaron un peso difícil de obviar. De las series en producción y emisión, hay un porcentaje enorme que sus historias están basadas en libros, películas, novelas gráficas, canciones o podcast, así como aquellas que traen de regreso ficciones dadas por muertas hace mucho tiempo. Como fanáticos, necesitamos historias nuevas, personajes que no conozcamos de algún otro lado y a quien podamos ir conociendo a medida que la historia avanza. Necesitamos ese desafío.

Empezar a darle valor a la perspectiva de género

Así como la Tercera Edad de Oro tuvo su salto de calidad, en el PeakTv también vemos un cambio muy importante de los contenidos. Enriqueciéndose y nutriéndose del movimiento feminista, las series de televisión empezaron a dar espacio a historias en donde la perspectiva de género, en una primera instancia, y la representación de minorías, en una segunda, ya no solo son necesarias sino que no pueden faltar. Se hizo y construyó muchísimo, pero el camino todavía es largo y ya es claro que la figura de la mujer será la construcción icónica de esta nueva etapa.

Momentos para anotar

  • 1990. David Lynch le pide a la responsable de escenografía, Catherine E. Coulson, que de vida a La Dama del Leño. Un personaje que se volvería icónico en Twin Peaks.
  • 1992. Estrena Murphy Brown, una serie que tiene como protagonista a una mujer exitosa que -además- decide criar a su hijo sola.
  • 1993. Gillian Anderson da vida a Dana Scully en The X Files. Personaje que se transformó en un rol para muchísimas generaciones. Irónicamente, Dana nunca tuvo su propio escritorio en la serie.
  • 1998. Sex On The City llega a HBO y rompe con una gran cantidad de preconceptos sobre las mujeres. Desde búsquedas personales hasta vida en pareja, para también meterse en temas como el sexo, el trabajo y las relaciones entre mujeres.
  • 2002. Aunque con muchísimas críticas por la forma en que se trabajó, Willow Rosenberg de Buffy la Cazavampiros, es uno de los primeros personajes abiertamente gay en una ficción adolescente.
  • 2005. Shonda Rhimes estrena su primera serie Anatomía de Grey. Por muchos años, Rhimes será la responsable crear ficciones con mujeres líderes y en posiciones de poder.
  • 2010. En Argentina estrena Mujeres Asesinas. Un unitario en donde, por primera vez en la pantalla local, se da espacio a la construcción de personajes que no responden a los estereotipos de lo femenino.
  • 2012. Estrena Girls, ópera prima de Lena Dunham. Una ficción que vuelve dar vuelta el tablero y representa a la mujer de una manera totalmente innovadora (y real).
  • 2013. Orange Is The New Black llega a Netflix, una ficción que cuenta con uno de los números más altos de participación femenina (tanto delante como detrás de cámara).
  • 2016. Starz estrena The Girlfriend Experience, un drama de 30 minutos que explora la sexualidad femenina desde un mirada sumamente innovadora y disruptiva.
  • 2018. Por primera vez en la historia de la serie, una mujer da vida a Doctor Who. La actriz elegida es Jodie Whittaker.
  • 2019. En Hulu estrena The Act. Basada en hechos reales, muestra una madre violenta, malvada y dañina. Quebrando con décadas de una construcción romántica de la maternidad.
  • 2019. Hildur Guðnadóttir es reconocida mundialmente por su trabajo en la banda de sonido de Chernobyl de HBO.
Nota originalmente publicada en La Cosa (#274). Disponible de manera digital.

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Acerca de Sole Venesio

Escribo sobre lo que amo y algunos llaman a eso ser periodista. Series de televisión siempre y a veces por LA NACION, Revista OHLALA!, Fuera de Serie e IndieHOY.

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