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Esa caja que dejó de ser boba

Un análisis sobre la pantalla chica

Con una pantalla que ya no tiene límites, la televisión está en un momento de absoluta ebullición. Pero mientras las plataformas buscan captar cada vez más usuarios, los espectadores también empezamos a preguntarnos cuántas cuentas será necesario tener para no quedar afuera del fenómeno.

Parece historia antigua pero no fue hace tanto que la manera en que disfrutábamos de la televisión se concentraba en el zapping rabioso, en anotar el día y horario de la ficción que queríamos ver o la necesidad de esperar una semana entera hasta que el canal emitiera un nuevo episodio de la serie que nos tenía enganchadas. Formalmente llamada “Tercera edad de oro”, es cierto que esa fase de la pantalla chica es lo que la mayoría de nosotras conocimos simplemente como “mirar tele” y que fue parte de nuestra infancia, adolescencia y primeros 20. Experiencia que a nuestros hijos o sobrinos los puede dejar tan anonadados (¿Tenías que esperar una semana? ¿No podías saltear las publicidades?) como la idea de girar un disco para marcar un número de teléfono, pero que para nosotras era la cosa más normal del mundo.

Hasta que dejó de serlo. Con la masividad de internet, de los dispositivos móviles, el aumento de las horas de consumo de contenido y el impacto de las redes sociales, este medio de comunicación tuvo su propia revolución que llegó para destruir la pantalla chica y transformarla en algo gigante. Conocida como la era del “Peak Tv” podríamos decir que se caracterizó por la multiplicidad de dispositivos, estrenos a nivel mundial y en simultáneo, el binge-watching y el contenido on-demand. Así como también una cantidad de nuevas series a la cual es imposible de hacerle frente y no quedar (siempre) fuera de algún fenómeno televisivo, la creciente necesidad de suscripciones individuales y la sensación de nunca encontrar qué mirar. Fue así que la conocida “guerra del streaming” hizo sonar sus primeros tambores de batalla y que, más allá de las proyecciones que podemos hacer, todavía no queda en claro cómo va a terminar.

PrecioDispositivosSerie bombaSerie perla
NetflixAR$ 4494DarkRussian Doll
HBOGoUS$104ChernobylBarry
AmazonAR$2193The BoysPatriot
StarzPlayUS$2.494Normal PeopleHigh Fidelity
Disney+AR$38510The MandalorianThe Imagineering Story
AppleTv+US$4.995The Morning ShowServant

Todo cambia, todo el tiempo

A medida que el índice de encendido de la televisión tradicional sigue bajando, también los usuarios aceptamos el hecho de que vamos a tener más de una suscripción a un canal de streaming. Fórmula que, económicamente, nos deja parados más o menos en el mismo escenario. Sin embargo esta guerra de las plataformas tiene dos preguntas vertebrales que, sus respuestas, terminan definiendo a qué nos sumamos y qué dejamos de lado:

  • Calidad. Uno de los primeros fantasmas que los canales on-demand tuvieron que derribar giró alrededor de la necesidad “¿Realmente lo voy a usar?”. Aunque eso quedó en el pasado, hoy el punto está puesto en la calidad y diversidad de las propuestas: ¿Me gustan sus series? ¿Encuentro contenido para todos en la familia? ¿Cuál fue su último título que disfruté mirar? ¿Hay una actualización suficiente? ¿Está esa serie de la que todos hablan?
  • Multiplicidad de dispositivos. Con el cambio en el tipo de consumo y la diversificación de aparatos electrónicos, hoy en una misma casa existen varios celulares, computadoras o televisores. Esta situación hace obligatorio analizar cuál es la cantidad de pantallas simultáneas que la suscripción me permite y si tengo la posibilidad de crear perfiles individuales para cada uno de los miembros de la familia. Así como también si puedo socializar mi usuario y dar acceso a personas en diferentes casas (el ya clásico “Le pago Netflix a mis viejos”).

Mientras que no hay respuestas absolutas y hoy el promedio de suscripciones es de tres (cuatro si sumamos Spotify), en este contexto también nace la nueva figura del “suscriptor golondrina”. Gracias a la facilidad de la autogestión en donde uno mismo puede dar de alta o cancelar su acceso, la fidelidad a una marca es puesta en cuestión y se mantienen suscripciones estacionales. Impulsadas por un estreno en particular, por una oferta conveniente o, simplemente, para ver qué hay de nuevo; cada vez más son los espectadores que no se casan con nadie y salen a jugar con todos.

¿Qué nos está faltando?

Por más increíble que parezca, en el mercado argentino todavía faltan algunas plataformas que en Estados Unidos se disfrutan desde hace ya un par de años. Mientras que DC Universe no alcanzó a llegar que fue absorbida por HBO max, todo indicaría que esta última será la evolución de lo que hoy conocemos como HBO Go y traerá su grilla completa de estrenos. Otra de las grande ausentes es Hulu (la cual pertenece a The Walt Disney Company y NBCUniversal) que -en el macrouniverso de la pantalla chica resuena con mucha fuerza porque es responsable de algunas de las mejores series de los últimos años- en otros países es ofrecida junto a Disney+ y en Argentina podemos ver sus estrenos gracias a Starz Play. En tanto contenido premium que solo está disponible en USA, quedaría sumar a CBS All Access (“Star Trek: Picard”, “The Stand” o “Why Women Kill”) y Peacock (“Brave New World”) que probablemente nunca lleguen a este costado del mundo.

Los que quedaron en el camino

En la historia de la televisión no todos son ganadores y esta guerra del streaming ya coleccionó unos cuantos vencidos. Entre los nombres que más duelen están Facebook Watch, YouTube Premium y Quibi. Plataformas que no necesariamente traían una propuesta inferior, sino que se convirtieron en los primeros síntomas de que los usuarios empezaban a decir “Hasta acá llegué”. Mientras que Facebook ofreció sus contenidos de manera gratuita y series de altísima calidad como “Sorry For Your Loss”, YouTube Premium fue la responsable del éxito de “Cobra Kai” (que ahora se puede ver en Netflix) y Quibi llegó en el peor momento posible: con episodios de 10 minutos y series pensadas para ver en el celular (“on the go”), no hubo mucho que pudieran hacer ante un mundo paralizado por una pandemia y crisis sanitaria. Entonces, con serios problemas para amplificar sus contenidos y alzar su voz en una cancha superpoblada, podemos decir que las claves del fracaso están conectadas con dificultades de usabilidad, de difusión y saturación del mercado.

Entonces ¿ahora?

Así como la experiencia de mirar televisión cambió muchísimo en los últimos años, los nuevos canales no dejan de experimentar con “nuevas-viejas” formas de consumo. Entre las de mayor impacto está la futura cancelación del binge-watching y liberar temporadas completas en un solo día ya que esto no es redituable y no retiene al usuario por suficiente tiempo. También sigue la búsqueda de nuevas maneras de monetización (¿se acuerdan de la pausa publicitaria que todos usábamos para ir al baño o buscar algo para comer? Bueno, eso mismo) así como también la loca idea de Netflix de ofrecer a sus suscriptores la opción de hacer zapping en su catálogo y así navegar sus títulos.

En este contexto no sería extraño que opciones como la de Flow, Movistar Play y Claro Video tomen fuerza y también tengan sus propios competidores. Es decir, ecosistemas enteros con propuestas modulares en donde uno puede elegir sus diferentes suscripciones pero que todas ellas convivan en una plataforma que funciona como un único acceso a la totalidad de los contenidos. Algo así como una televisión 4.0 que tiene muchísimo olor a aquello que anonadó a nuestros hijos y sobrinos, pero que para nosotros durante un tiempo largo fue lo más normal del mundo (y quizá vuelva a serlo).

El futuro ¿será televisado?

Con el correr del tiempo, las brechas tecnológicas se fueron achicando. Más cuando hablamos de medios de comunicación o comunicaciones en general. En este contexto, la televisión tal cual la conocemos (en su definición más clásica y que a muchas de nosotras nos acompaña desde la niñez con sus canales de aire) mutó y hoy sería imposible decir que nuestro consumo es ‘tradicional’. Quizá en ese punto es donde reside el cambio más drástico del formato: no solo se diversifica cómo miramos ficciones, sino también los medios de producción y sus plataformas de distribución. Entonces a nosotras, como espectadoras, nos queda adaptarnos y elegir nuestra plataforma favorita. Porque por ahí también pasa “lo que se viene”: un pantalla televisiva que se ajusta a la aparente conveniencia del usuario (biblioteca de títulos ordenados y manipulados por los algoritmos, la cadencia de estrenos, los nuevos formatos y las múltiples pantallas) y ya no tanto a un espectador ávido de entretenimiento.

Jessica Blady
Periodista, editora de La Cosa Cine

Consejo fan

Hay muchas aplicaciones de trackeo en donde uno puede ir anotando qué series miró, pero con el correr de los años TvTime se convirtió en mi herramienta favorita. Gratuita y fácil de usar, una de las cosas que más me copa es que incentiva el intercambio de opiniones sobre lo que miraste y te ayuda muchísimo a descubrir títulos nuevos.

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1 comment on “Esa caja que dejó de ser boba

  1. En mi caso, cada vez veo más YouTube Premium en la tele. Ya no me ato a ninguna serie. Me cansé de ver en episodios.

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